Fotocopiar con autorización no es un delito

Durante años, el uso y la comercialización de fotocopias parciales o totales de libros era considerada con naturalidad, como un forma de hacerse de textos de estudio o de recuperar libros “raros”, incunables agotados o fuera de circulación.

Más allá de que en ocasiones esta fue, es y será para muchos la única vía barata y rápida de reproducción de materiales textuales, lo cierto es que la fotocopia no autorizada de toda obra protegida por derechos de autor es un delito, tipificado como reprografía. 

Nadie parecía plantearse ninguna cuestión o duda sobre las fotocopias, mucho menos si se perjudicaba a alguien en particular haciéndolas; tampoco se pensaba o cuestionaba, desde el punto de vista del usuario, ni en las ganancias que producían ni adónde iban a parar,  algo llamativo si se tiene en cuenta que la recaudación es significativa cuando se montan negocios para lucrar con la reprografía.

Así, sin pensar demasiado y solo haciéndolo fue como el modo de uso se validó en una costumbre que en tiempos digitales adquiere otra resonancia y requiere nuevos abordajes y soluciones.

Los factores en juego para que este hecho no fuera percibido como delito durante tanto tiempo merecen un análisis profundo que debe abarcar, entre otros, la oferta sin restricciones en los ámbitos de estudio -instituciones de enseñanza de todos los niveles socioeconómicos-, la cuestión del lucro, la indebida o nula difusión que se le dio al tema, el desconocimiento del público general acerca de los derechos de propiedad intelectual y la falta de debate sobre el tema. Ahora se agregan y superponen nuevos dilemas derivados del mal uso o uso indebido de los materiales protegidos en Internet, y esto suma elementos a la confusión general.

Sin embargo, desde hace décadas existen diferentes organizaciones de gestión colectiva de derechos de autor, conformadas por autores y editores y agrupadas en la Federación Internacional de Organizaciones de Derechos de Reproducción (IFFRO) que suman esfuerzos en pos de propiciar mejores condiciones para el trabajo de los creadores de la cultura escrita, entre ellas CADRA en la Argentina, cuya misión y funciones pueden conocerse en detalle ingresando en el sitio.

Esta entidad promueve conductas de uso que se encuadran dentro de lo establecido por la Ley N°11.723 y sus complementarias y le exige a los centros de copiado que trabajen con las correspondientes autorizaciones de reproducción parcial, contemplando así a toda la cadena de producción de cultura de la Argentina y de otros países integrados a la red.

Asimilable al que se aplica en el mercado de la música, este modelo de gestión colectiva de derechos de reproducción es una de las opciones posibles hasta el momento de lograr que se respeten y hagan valer los derechos de las partes involucradas en el mercado editorial, autores y editores, contemplando también a usuarios y comerciantes.

Mientra se buscan acuerdos que logren ser representativos de la diversidad de temas planteados por la convivencia de las distintas tecnologías de reproducción, pueden ser de gran ayuda la difusión, la educación y la reflexión acerca de lo que está bien o mal en las conductas y acciones, sean privadas o colectivas.

Por: Adriana Pagliaroli

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>